“Nadie debe ganar más que S.E. el Presidente de la República. Ni menos”
(Nicanor Parra, “Salario mínimo”)
Un proyecto de Ley propone que las autoridades hagan clases en escuelas y liceos municipalizados. Esta medida nos lleva a muchos docentes a preguntarnos: ¿qué pretenden autoridades que, sin ser profesores, -o si acaso tienen este título profesional, no fueron elegidos para esa función por la comunidad- estén acudiendo a escuelas y liceos a “hacer clases”? ¿No están haciendo un uso arbitrario de su poder? ¿Será que están dando ejemplo de que no es necesario ser profesor para pretender hacer docencia? Si lo hacen con la intención de sensibilizarse frente a los problemas de la educación, ¿por qué no dialogan, sino más bien eluden conversar y encontrarse con los profesores, que viven a diario esa realidad y son los profesionales idóneos para ello? ¿Tendrán un real impacto para el sistema educativo -o más bien para la imagen pública de esa astuta autoridad- las “clases” que pretenden hacer? Si para hacerlo se necesita una ley, ¿las autoridades que hoy lo han hecho o lo hacen actúan al margen de ella?
Hacer clases es un proceso y una actividad profesional que va mucho más allá de dictar una charla o exponer ante un grupo… Entonces… ¿para “mejorar” el sistema de salud pública nuestras autoridades van a ir a atender enfermos en un hospital; para que no se caigan edificios con un sismo van a realizar turnos como obreros de una construcción; harán jornadas como pescadores artesanales, mineros en un pirquén, turnos como policías o gendarmes, conductores de micros? ¿Mejorarán las marraquetas o los tallarines si las amasan o los sirven nuestras autoridades? Sin escoltas, sistemas de seguridad ni cobertura de medios de comunicación, y con la misma remuneración de estos trabajadores, por supuesto…
¿No es esto populismo y “tratamiento de imagen” y no soluciones reales? ¿No es esto un recurso más del marketing con que algunos creen que deben manejarse incluso los asuntos públicos y que responde a la lógica de mercado de que todo se vende, no importa si es una imagen personal, un producto concreto o un valor inalienable como la educación?
¿Qué pasaría si un profesor, un estudiante, un enfermero, un obrero, un pescador, un minero, un carabinero, un gendarme o cualquier otro trabajador faltara a su trabajo para pretender ir a dictar alguna normativa o solucionar un problema técnico o político a nivel comunal, ministerial, legislativo o presidencial?
Estas y otras preguntas las dejamos como “Tarea para la casa”, con la idea de que podamos discutirlas también a nivel local. Para ello, los invitamos a visitar y comentar en este blog.
(Nicanor Parra, “Salario mínimo”)
Un proyecto de Ley propone que las autoridades hagan clases en escuelas y liceos municipalizados. Esta medida nos lleva a muchos docentes a preguntarnos: ¿qué pretenden autoridades que, sin ser profesores, -o si acaso tienen este título profesional, no fueron elegidos para esa función por la comunidad- estén acudiendo a escuelas y liceos a “hacer clases”? ¿No están haciendo un uso arbitrario de su poder? ¿Será que están dando ejemplo de que no es necesario ser profesor para pretender hacer docencia? Si lo hacen con la intención de sensibilizarse frente a los problemas de la educación, ¿por qué no dialogan, sino más bien eluden conversar y encontrarse con los profesores, que viven a diario esa realidad y son los profesionales idóneos para ello? ¿Tendrán un real impacto para el sistema educativo -o más bien para la imagen pública de esa astuta autoridad- las “clases” que pretenden hacer? Si para hacerlo se necesita una ley, ¿las autoridades que hoy lo han hecho o lo hacen actúan al margen de ella?
Hacer clases es un proceso y una actividad profesional que va mucho más allá de dictar una charla o exponer ante un grupo… Entonces… ¿para “mejorar” el sistema de salud pública nuestras autoridades van a ir a atender enfermos en un hospital; para que no se caigan edificios con un sismo van a realizar turnos como obreros de una construcción; harán jornadas como pescadores artesanales, mineros en un pirquén, turnos como policías o gendarmes, conductores de micros? ¿Mejorarán las marraquetas o los tallarines si las amasan o los sirven nuestras autoridades? Sin escoltas, sistemas de seguridad ni cobertura de medios de comunicación, y con la misma remuneración de estos trabajadores, por supuesto…
¿No es esto populismo y “tratamiento de imagen” y no soluciones reales? ¿No es esto un recurso más del marketing con que algunos creen que deben manejarse incluso los asuntos públicos y que responde a la lógica de mercado de que todo se vende, no importa si es una imagen personal, un producto concreto o un valor inalienable como la educación?
¿Qué pasaría si un profesor, un estudiante, un enfermero, un obrero, un pescador, un minero, un carabinero, un gendarme o cualquier otro trabajador faltara a su trabajo para pretender ir a dictar alguna normativa o solucionar un problema técnico o político a nivel comunal, ministerial, legislativo o presidencial?
Estas y otras preguntas las dejamos como “Tarea para la casa”, con la idea de que podamos discutirlas también a nivel local. Para ello, los invitamos a visitar y comentar en este blog.
Francisco Rodríguez Arancibia
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