sábado, 21 de agosto de 2010

Unos más iguales que otros

“Es más importante la equidad.
Significa que el sistema ha sido capaz
de compensar las diferencias”.
(César Coll: Doctor en Psicología, Catedrático, Investigador
Universidad de Barcelona)




En 1754 se publica la obra “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres” del filósofo Jean J. Rosseau; en dicho texto se intenta dar respuesta a las causas que motivan la desigualdad. Claro está que no se refiere a la desigualdad natural que es aquella que, en virtud de la herencia, carga genética, virtudes, habilidades, salud, edad y ambiente hace a un individuo diferente y no igual a otro. Rosseau se refiere y le interesaba la llamada desigualdad moral o política que depende de una convención natural y que permite y legitima que unos hombres gocen de privilegios en perjuicio de otros.

El problema planteado -por el filósofo- se mantiene hasta nuestros días, no solo como una cuestión teórica, un fino bocadillo para intelectuales, sino que como un hecho que tiene vida, rostro, cuerpo y afecta a personas.

Antes de la publicación de la ya tan comentada Encuesta CASEN –y gracias a la generosidad de este medio de prensa –nos habíamos referido al tema de la desigualdad e inequidad y su reflejo en la educación, expresada en segmentación (al decir de la OCDE) apartheid y exclusión –en la oportunidad ya dicha –expresábamos que mientras más desigual es la sociedad, más desigual es la escuela.

Tales dichos han sido refrendados con los datos que expresan que, mientras los jóvenes procedentes del 10% más rico de la población chilena tienen más de un 93% de posibilidades de continuar sus estudios en la Educación Superior, aquellos alumnos que proceden del 10% más pobre de la población, solo tienen un 19,1% de posibilidades de acceder a ese tipo de educación. No es menor la diferencia porque el paso o tránsito por la Educación Superior marca, no solo una enorme diferencia en los ingresos, sino que además –desgraciadamente –de trato, estatus, dignidad, capital social y para qué hablar de movilidad social efectiva.

Pese a la políticas públicas implementadas en los últimos años, a superar las brechas socio-económicas y culturales, pese al hecho que hoy la mayoría de los educandos -en una comparación intergeneracional –alcanzan mayores grados de estudio que sus padres, algo no funciona hasta hoy.

¿Habrá mayor inequidad educativa que las cifras que citamos? ¿Qué circunstancia puede justificar eso? ¿Será un destino fatal, cuyo guión parece dictado por un escritor de tragedias?

¿Qué igualdad de oportunidades puede sentir un joven que procede de los deciles más pobres? ¿Qué pomada se le vende?

¿Podrá la educación chilena superar la desigualdad, si la reproduce impulsada por una distribución del ingreso no solo injusta, sino que inmoral?

No se trata solo de una de las peores distribuciones del ingreso del mundo. La desigualdad es en cuanto a la diferente forma y trato entre hombres y mujeres, minorías étnicas y otras, sino que –además –es un problema de dignidad. El Doctor en Sociología e integrante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Pedro Guell, sostiene que, aparte de la desigualdad distributiva, existe “la desigualdad socio cultural, entendida como la asimetría que se da entre individuos y grupos, relaciones de dependencia y sumisión, de desprecio, de invisibilidad, de abuso”.

La Constitución otorga una igualdad jurídica según la cual todos los individuos somos iguales ante la Ley. ¿Iguales ante las instituciones? ¿Iguales ante los aprendizajes o la posibilidad de acceder a ellos?

Si hubiese igualdad de oportunidades ¿cómo se podrían explicar las cifras –en el ámbito educativo –de la Encuesta CASEN?

La desigualdad es un problema estructural de la educación chilena, no es como se pudiera creer un problema coyuntural o emergente, tiene que ver poco con semáforos educativos. ¿Qué se les puede decir a los jóvenes que no pueden terminar su Educación Media y a aquellos que no tienen posibilidad alguna de seguir estudios superiores? Ellos no provocan ni son causa de la desigualdad… pero la sufren. No originan la desigualdad… pero son víctimas de ella. Si las responsabilidades son individuales, ¿qué sucede cuando las personas sufren la desigualdad, sin que ellos la generen?

En último término, la inequidad es no disponer de las mismas oportunidades, reproducir las condiciones socio-económicas, reproducir pobreza y también riqueza, es un problema de carácter moral.

Si las diferencias son tan abismantes, el Estado debe resguardar por lo menos un piso de equidad (mayores impuestos) como forma de redistribución de la renta. Rebajar algunos de ellos a los sectores más desposeídos, mayor gasto social.

En el nuboso firmamento de la sociedad chilena “brilla, refleja, pule y da esplendor”, la estrella visible de la desigualdad. Como no es una estrella solitaria, en su comitiva figuran astros como la escasa participación, la discriminación, la ausencia de fraternidad, entre otros cuerpos celestes.

Al referirme a la desigualdad y cómo ella afecta a los más jóvenes –inevitablemente –se me viene a la memoria una canción: “Niño, te cambiaron por sombras las madrugadas”.

Luis González Reyes
CEPAD

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