martes, 28 de diciembre de 2010

Preguntas sin respuestas

“Los hombres se juzgan por el uso que hacen de su poder”

Albert Camus

“Esta es una vaca, ella produce leche la cual –a su vez- sirve para ser consumida en el desayuno”. Tal frase, escrita sobre el lomo del vacuno en cuestión, es uno de los procedimientos prácticos mediante los cuales los habitantes de la aldea de Macondo enfrentan una extraña epidemia: la del olvido, cuyo principal y único síntoma es la pérdida total y absoluta de la memoria, incluso de los acontecimientos y cosas más cotidianas e ínfimas; ello les hace olvidar el nombre de los seres y objetos y, por tanto, de la función y utilidad de los mismos.

Lo precedente es un episodio de la obra “Cien años de soledad” del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez. El fragmento aludido, pese a lo ficticio, es aterrador. En efecto, imaginar que una comunidad ha olvidado todo como consecuencia de la pérdida total de la memoria, les conduce inevitablemente a la amnesia de sus biografías, sus historias personales, además de no tener recuerdos de su historia colectiva y grupal, permaneciendo como seres sin pasado y sin presente, porque en este está inserto el ayer.

Se me viene a la mente el episodio citado, porque guardando las proporciones, parte de eso pudiera suceder por decreto, resolución administrativa u otro, al anunciar el Ministro de Educación, hace ya un tiempo, la disminución de las horas de la asignatura de Historia.

Se trataría de una “amnesia inducida”.

Frente a tal sorprendente anuncio, se han opuesto al mismo historiadores, intelectuales, innumerables académicos de centros de Educación Superior, alumnos universitarios, Colegio de Profesores, Centros de Estudios, sin contar los manifiestos, artículos de prensa y declaraciones públicas. Por el contrario, no se conoce intelectual, autoridad, estudio o literatura que impulse o esté a favor –fundamentadamente- de la medida propuesta por el Ministro.

Más sorprendente es aún el hecho que mediante el Proyecto de Acuerdo N° 116 de fecha 15 de junio de 2010 de la Cámara de Diputados, parlamentarios (fundamentalmente de gobierno), se reunieron y acordaron solicitar al Presidente de la República y al ministro Lavín, “se adopten las medidas correspondientes, con el propósito de modificar el currículum escolar, aumentando el número de horas destinadas a Educación Cívica y Formación Ciudadana, ampliando sus contenidos”. Dicho Proyecto de Acuerdo fue de autoría de los Honorables Diputados y Diputadas Sra. Cristi, sra. Hoffman (perteneciente esta última a la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados) y los srs. Zalaquett, Auth, Sabag más veinte diputados que apoyaron este acuerdo. A la fecha –que se conozca- no existe respuesta del Ministro a tal petición, ni tampoco a los innumerables reclamos, solicitudes de reconsideración, aclaración de sus dichos relacionados con la disminución de las horas de Historia, salvo en estar dispuesto a conversar la materia. Frente a la existencia de cualquier conflicto, las autoridades hacen un legítimo y necesario llamado al diálogo. ¿Cómo, en este caso, el Ministro no se digna responder formalmente?

Lo propio acontece con las autoridades de Educación de nivel regional y provincial, como asimismo –y los nombro expresamente por ocupar cargos de relevancia en relación a la educación –con el Honorable Diputado sr. Gaspar Rivas S., quien es miembro de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, y el Honorable Senador sr. Ignacio Walter Prieto que es –ni más ni menos- Presidente de la Comisión de Educación del Senado y quien prestara su apoyo para reponer algunas indicaciones para de esta forma concurrir, con algunos diputados de su Partido, a la aprobación de idea de legislar sobre la Ley de Calidad de Educación presentada por el Gobierno.

El recio dicho castellano “quien calla, otorga” es particularmente ilustrativo.

No existe investigación o literatura que pueda fundamentar que con el objeto de mejorar los aprendizajes, principalmente de Lenguaje y Matemáticas, deba disminuirse -para ello- las horas de Historia. ¿Cuál es la razón para hacerlo? Por el contrario, Harald Beyer, investigador del Centro de Estudios Públicos y a quien el Presidente de la República nombrara Presidente de la “Comisión de Expertos para la Educación” ha expresado que el tiempo asignado al ramo de Historia es insuficiente. Al respecto indica: “que no es razonable que en Tercero Medio el programa considere 38 contenidos en 160 horas lectivas, sin considerar pruebas e imprevistos. Cuatro horas por contenido, como por ejemplo: Revolución Francesa, Guerras Mundiales, Expansión Colonial Europea… ¡¡¡cuatro horas para procesos no solamente históricos, sino que culturales y valóricos!!!

Es natural – y ya lo hemos expresado anteriormente en este medio- que se tenga el propósito y la intención de mejorar los aprendizajes de los alumnos en Lenguaje y Matemáticas, pero ¿cuál es la relación racional y razonable, lógica y científica que al reducir las horas de Historia existirán mejores aprendizajes en otros ramos? O dicho de otro modo a contraru sensu, ¿los alumnos no aprenden porque la asignatura de Historia tiene demasiadas horas (4)?

Si la aludida medida carece de racionalidad técnica, ¿se pretende aplicar porque existe un conocimiento oculto hermético y desconocido –para los simples mortales- mediante el cual producida la rebaja de horas de Historia se obtienen mejores aprendizajes?

La Historia personificada por los griegos en la musa Clío y para quienes la Historia –con mayúscula- era “La Maestra de la Vida”. La Historia que para la Historiografía cristiana es el tránsito desde la ciudad terrenal a la ciudad celestial. La Historia que para el positivismo es el advenimiento de la razón y el progreso. La Historia que para Ortega y Gasset es lo propiamente humano. Solo el Hombre tiene Historia, porque nace sobre el sedimento y el piso de lo que descubrieron e hicieron otros hombres, a diferencia de la especie animal, que no puede aprovechar la experiencia de sus antepasados. La Historia que es la forma mediante la cual una comunidad se rinde cuenta a sí misma de su pasado. La Historia que nos otorga pertenencia e identidad frente al aplastante proceso de globalización, la que problematiza lo social y el ejercicio de la ciudadanía crítica, vive –sin razón- un proceso de vejamen inexplicable para el cual no se conocen los motivos ni las intenciones últimas.

LUIS GONZÁLEZ REYES

23 diciembre de 2010

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