Por LUIS GONZÁLEZ REYES,
Profesor, Integrante del Centro de Estudios Para Asuntos Docentes (CEPAD)
“Quien bien tiene y mal escoge, por mal que le venga, no se enoje”.
Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.
Referirse hoy a la educación es transitar por un campo minado, en cualquier momento puede estallar un nuevo anuncio, acompañado –inevitablemente-por la pirotecnia mediática de fuegos de artificio con variadas coloraciones e intensidades.
En ese ambiente, se han implementado acciones tales como el “semáforo”, que da cuenta de los resultados SIMCE en las escuelas, los Liceos Bicentenario; el Proyecto de Ley enviado al Parlamento, y la reducción de horas del sector de aprendizaje o asignatura de Historia, medida inconsulta que no es una recomendación del Panel de Expertos nombrado por el Ministerio de Educación y de la que se desconoce su origen, como la participación de los actores y, por tanto, que parece cumplir con todas las condiciones para denominarla como arbitraria.
Es inevitable comparar dicha reducción de Historia con lo acontecido en 1974, cuando en el contexto no democrático regido por los conceptos de seguridad, medidas de exclusión y purga, el Ministerio de Educación excluyó algunos contenidos y materias de Historia y Ciencias Sociales de la Enseñanza Media; tal aconteció con temas referidos a interacción social, América Latina, subdesarrollo, dependencia económica externa –entre otras-. Se acentuó, en cambio, un nuevo concepto de nación en el cual el componente “social” se hacía deliberadamente invisible. De esta forma –en 1974- se somete a la asignatura de Historia a un control ideológico; la reducción de horas propuesta por el ministro sr. Lavín Infante, ha de significar lo mismo, pero por otros medios: en 1974 fue excluyendo contenidos y hoy reduciendo horas, no mencionando o disminuyendo hasta la caricatura procesos históricos. ¿Se tratará de “desmemoriar” a las próximas generaciones de chilenos? ¿Cómo dejar de mencionar en la historia patria y en el proceso de identidad hechos como el Combate Naval de Iquique o la tragedia de los detenidos desaparecidos? ¿Qué diría el Escribano si anulamos de un plumazo la participación de andinos en la gesta de Iquique? Ya nos referiremos a este tema –en particular- más latamente.
En los últimos días se han publicado los resultados académicos de la prueba PISA 2009 obtenidos por diversos países –entre ellos Chile- en dicha medición internacional que incluye los sectores de Lenguaje, Matemáticas y Ciencias. Nuestro país aparece en el lugar 44 entre más de 70 naciones; sin embargo, en Lenguaje y Ciencias ocupamos el primer lugar y segundo en Matemáticas en Latinoamérica. El Informe da cuenta, además, de los resultados diversos entre la educación municipal, particular-subvencionada y particular pagada. Una vez más, ello es una prueba y evidencia del llamado “efecto cuna”; una vez más, la segmentación y desigualdad existente en la educación chilena es un reflejo de la desigualdad social. El informe PISA expresa que en el segmento socioeconómico alto, en un curso de 40 alumnos, solo 4 no obtienen las competencias requeridas. En cambio, en un curso compuesto por alumnos del segmento socioeconómico bajo, 20 alumnos de 40 no alcanzan las competencias. ¿Habrá mayor prueba de la relación perfecta entre estamento socioeconómico y aprendizaje? La “Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico” (OCDE), institución que agrupa a naciones desarrolladas y a la que pertenece nuestro país y donde se rinde la prueba PISA ha expresado –digámoslo una vez más- “La educación chilena está segmentada en clases sociales”. Ello, insistimos, es un problema estructural de nuestro sistema educativo, no obstante, en las 46 páginas del Proyecto de Ley enviado por el Presidente de la República a la Cámara de Diputados, referido a la Calidad y Equidad de la Educación, esta última se menciona una sola vez.
Ahora bien, cuando el Ministro expresa que los resultados académicos de la Prueba PISA deben continuar subiendo, es una afirmación que nadie podría dejar de compartir, al igual que dichos resultados deben apuntar a ser semejantes a los de los países desarrollados, identificándolos con los de la OCDE.
Sin embargo, los contextos sociales y pedagógicos de los miembros de la OCDE son diferentes, pero eso no se menciona. No se nombra ni se aluden a la hora de los resultados académicos, y sabemos que lo no dicho, los silencios, en suma, muchas veces llaman a engaño.
Comparando el aporte fiscal a la educación entre los demás países de la OCDE y Chile, como asimismo la cantidad de horas-docente y la cantidad de alumnos por curso, no existe relación alguna que permita inducir que los resultados académicos pudiesen ser semejantes.
En cuanto al financiamiento de la educación, el gasto público -esto es, del Estado- de Chile es un 4,1% del PIB, (El Producto Interno Bruto es la cantidad de bienes y servicios finales expresados en términos monetarios que produce un país en un año). El gasto público en los países de la OCDE es cinco veces más que en Chile por cada estudiante de Educación Básica y Media. Esto significa que si el Estado de Chile aporta muy poco para la educación, son las familias y los hogares los que hacen uno de los mayores gastos en el mundo para la formación de sus hijos; pero ello a su vez segmenta más –como ya se ha indicado- la educación, porque no todas las familias pueden destinar una proporción mediana o grande de sus ingresos en la elección de colegio.
A su vez, cuando se hace la comparación entre las horas de clases realizadas por un profesor en Chile y las que hace un docente en algunas naciones desarrolladas, se observa:
Profesor, Integrante del Centro de Estudios Para Asuntos Docentes (CEPAD)
“Quien bien tiene y mal escoge, por mal que le venga, no se enoje”.
Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.
Referirse hoy a la educación es transitar por un campo minado, en cualquier momento puede estallar un nuevo anuncio, acompañado –inevitablemente-por la pirotecnia mediática de fuegos de artificio con variadas coloraciones e intensidades.
En ese ambiente, se han implementado acciones tales como el “semáforo”, que da cuenta de los resultados SIMCE en las escuelas, los Liceos Bicentenario; el Proyecto de Ley enviado al Parlamento, y la reducción de horas del sector de aprendizaje o asignatura de Historia, medida inconsulta que no es una recomendación del Panel de Expertos nombrado por el Ministerio de Educación y de la que se desconoce su origen, como la participación de los actores y, por tanto, que parece cumplir con todas las condiciones para denominarla como arbitraria.
Es inevitable comparar dicha reducción de Historia con lo acontecido en 1974, cuando en el contexto no democrático regido por los conceptos de seguridad, medidas de exclusión y purga, el Ministerio de Educación excluyó algunos contenidos y materias de Historia y Ciencias Sociales de la Enseñanza Media; tal aconteció con temas referidos a interacción social, América Latina, subdesarrollo, dependencia económica externa –entre otras-. Se acentuó, en cambio, un nuevo concepto de nación en el cual el componente “social” se hacía deliberadamente invisible. De esta forma –en 1974- se somete a la asignatura de Historia a un control ideológico; la reducción de horas propuesta por el ministro sr. Lavín Infante, ha de significar lo mismo, pero por otros medios: en 1974 fue excluyendo contenidos y hoy reduciendo horas, no mencionando o disminuyendo hasta la caricatura procesos históricos. ¿Se tratará de “desmemoriar” a las próximas generaciones de chilenos? ¿Cómo dejar de mencionar en la historia patria y en el proceso de identidad hechos como el Combate Naval de Iquique o la tragedia de los detenidos desaparecidos? ¿Qué diría el Escribano si anulamos de un plumazo la participación de andinos en la gesta de Iquique? Ya nos referiremos a este tema –en particular- más latamente.
En los últimos días se han publicado los resultados académicos de la prueba PISA 2009 obtenidos por diversos países –entre ellos Chile- en dicha medición internacional que incluye los sectores de Lenguaje, Matemáticas y Ciencias. Nuestro país aparece en el lugar 44 entre más de 70 naciones; sin embargo, en Lenguaje y Ciencias ocupamos el primer lugar y segundo en Matemáticas en Latinoamérica. El Informe da cuenta, además, de los resultados diversos entre la educación municipal, particular-subvencionada y particular pagada. Una vez más, ello es una prueba y evidencia del llamado “efecto cuna”; una vez más, la segmentación y desigualdad existente en la educación chilena es un reflejo de la desigualdad social. El informe PISA expresa que en el segmento socioeconómico alto, en un curso de 40 alumnos, solo 4 no obtienen las competencias requeridas. En cambio, en un curso compuesto por alumnos del segmento socioeconómico bajo, 20 alumnos de 40 no alcanzan las competencias. ¿Habrá mayor prueba de la relación perfecta entre estamento socioeconómico y aprendizaje? La “Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico” (OCDE), institución que agrupa a naciones desarrolladas y a la que pertenece nuestro país y donde se rinde la prueba PISA ha expresado –digámoslo una vez más- “La educación chilena está segmentada en clases sociales”. Ello, insistimos, es un problema estructural de nuestro sistema educativo, no obstante, en las 46 páginas del Proyecto de Ley enviado por el Presidente de la República a la Cámara de Diputados, referido a la Calidad y Equidad de la Educación, esta última se menciona una sola vez.
Ahora bien, cuando el Ministro expresa que los resultados académicos de la Prueba PISA deben continuar subiendo, es una afirmación que nadie podría dejar de compartir, al igual que dichos resultados deben apuntar a ser semejantes a los de los países desarrollados, identificándolos con los de la OCDE.
Sin embargo, los contextos sociales y pedagógicos de los miembros de la OCDE son diferentes, pero eso no se menciona. No se nombra ni se aluden a la hora de los resultados académicos, y sabemos que lo no dicho, los silencios, en suma, muchas veces llaman a engaño.
Comparando el aporte fiscal a la educación entre los demás países de la OCDE y Chile, como asimismo la cantidad de horas-docente y la cantidad de alumnos por curso, no existe relación alguna que permita inducir que los resultados académicos pudiesen ser semejantes.
En cuanto al financiamiento de la educación, el gasto público -esto es, del Estado- de Chile es un 4,1% del PIB, (El Producto Interno Bruto es la cantidad de bienes y servicios finales expresados en términos monetarios que produce un país en un año). El gasto público en los países de la OCDE es cinco veces más que en Chile por cada estudiante de Educación Básica y Media. Esto significa que si el Estado de Chile aporta muy poco para la educación, son las familias y los hogares los que hacen uno de los mayores gastos en el mundo para la formación de sus hijos; pero ello a su vez segmenta más –como ya se ha indicado- la educación, porque no todas las familias pueden destinar una proporción mediana o grande de sus ingresos en la elección de colegio.
A su vez, cuando se hace la comparación entre las horas de clases realizadas por un profesor en Chile y las que hace un docente en algunas naciones desarrolladas, se observa:
Las cifras no requieren muchas explicaciones: un profesor chileno dedica el 75% de su jornada de trabajo a clases en aula, uno de los porcentajes más altos en el mundo en dicha actividad. Una investigación del Observatorio Chileno de Políticas Educativas revela que en Santiago, los docentes están un 87 % de su tiempo en el aula y el 13 %, fuera. En estas condiciones, ¿Cómo se preparan buenas clases, se conoce bien a los alumnos, se investiga? Un estudio de OPECH reveló que en la Región Metropolitana los profesores se llevan un 30 % de trabajo para hacerlo en la casa. Es decir, si haces 30 horas a la semana en el colegio, haces 12 horas en tu casa.”
Finalmente, comparemos el tamaño de la clase en Chile y algunos países OCDE:
Ya en el año 2004 –en torno a la cantidad de alumnos por curso- el “Informe de Políticas Nacionales de Educación” de la OCDE expresaba: “El equipo revisor observó muchas clases cercanas a los 40 (alumnos), ello pone un serio desafío a los profesores. Esto se hace especialmente agudo si la enseñanza está siendo realizada en escuelas que sirven a comunidades de grandes carencias socioeconómicas y culturales”.
Para concluir, cuando se aspira a que los resultados académicos de nuestros alumnos deben estar a la altura de los países desarrollados, es un objetivo legítimo, pero el financiamiento vía Estado, los horarios docentes, la cantidad de alumnos por curso y otros, deben ser acordes con los países OCDE.
¿Cómo obtener buenos aprendizajes si los insumos son insuficientes?
Para poder hacer una legítima y positiva comparación, se tiene y deben incorporar todas las variables y no solo las que interesadamente convenga mostrar al expositor. Solo así el problema será expuesto en su totalidad y en forma veraz como para poder buscar los medios de solucionarlo.
10 de diciembre de 2010
LUIS GONZÁLEZ REYES
Profesor de Estado en Historia y Geografía
Inspector General del Liceo Maximiliano Salas Marchán de Los Andes
Ex Presidente y Secretario Provincial del Colegio de Profesores
Integrante fundador del Centro de Estudios Para Asuntos Docentes (CEPAD)
CEPAD
Centro de Estudios Para Asuntos Docentes
Email: cepadchile@gmail.com
Luis:
ResponderEliminarMe he tomado la libertad de difundir este blogger en mi face a varios amigos y, sobretodo, a personas ligadas con la educación.
El compromiso que propuese fue el leer... peor con el dber de difundir el blogger.